
La fundamentación de San José como Patrono de Saladas, se conjuga más con la leyenda que con la historia y es la más antigua de las tradiciones saladeñas. Refiere que los viajeros en tránsito por el entonces Camino Real, actual calle 25 de mayo, creían ver a un hombre con barba y largos cabellos, sentado donde hoy está la Iglesia, según publicó el escritor local Ramón Julián Blanco en su libro San José de las Lagunas Saladas.
Allí relata que la construcción de un fuerte en 1707, ocultó el lugar donde supuestamente se sentaba aquel hombre, a los viajeros y el relato se trasladó a los soldados de la guardia. Luego en 1712, a los pobladores del naciente caserío y en 1723, el Capitán Martín Gutiérrez de Valladares, a cargo del Fuerte, construyó una capilla en el lugar. La tradición señala que se hizo una exploración por todo el territorio, entre vecinos y soldados para hallar rastros de ese hombre que se sentaba allí. Pero al no haber rastros de él, el misterio se profundizó.
La leyenda se enlaza con la historia el 19 de noviembre de 1732 con la llegada del primer Párroco a Saladas¸ León de Pesoa y Figueroa, quien al comprobar la pobreza de la capilla, con solo una rústica mesa y un crucifijo, salió a pedir imágenes entre los estancieros de la zona.
Al regresar a la capilla con las imágenes recibidas, aparece nuevamente la leyenda. Entre las donaciones, vecinos y soldados encontraron la imagen de San José que fue donada por Juan de Insaurralde y cuya fisonomía coincidía con la misteriosa figura de las apariciones, con idénticas facciones y vestimenta. Todos los habitantes, muy creyentes, interpretaron como un prodigio y lo eligieron como patrono del pueblo.
El Párroco, quedó en consultar previamente al Obispo, pero antes de contar con la respuesta, una circunstancia fortuita prevaleció en apoyo al pedido del pueblo: el primer entierro en suelo saladeño resultó ser el de un niño llamado coincidentemente Joseph Marcos Maidana, inhumado el 10 de diciembre de 1732, lo cual consta en el libro Nº 1 de Defunciones, (LEER MAS DE ESTA HISTORIA CLICK)
A partir de entonces corresponde a la historia la interpretación de la exaltación de San José como Patrono del pueblo. Se lo ubica entre el 19 de noviembre de 1732 (llegada del Párroco) y el 28 de febrero de 1734, fecha del arribo del veedor, enviado por el Cabildo Eclesiástico para comprobar la pobreza de la capilla.
En cuyo informe consigna: a veintiocho días del mes de febrero de 1734, Yo, el Maestro Don Pedro Gómez de Velazco, llegué a San Joseph de las Lagunas Saladas, por orden de su Señoría Ilustrísima y notifico el auto de supra a la persona del Dr. León de Pesoa y Figueroa. La respuesta de la que fue portador este veedor, desapareció en el accidentado traslado del pueblo al Anguá, el 8 de diciembre de 1739.
La histórica imagen de San José donada por Don Juan Insaurralde, se halla entronizada hoy día, en el edifico del Archivo General de la Provincia de Corrientes, cuyo entonces director Leopoldo Baltazar Jantus, la hizo entronizar en un nicho empotrado en una pared de la sala Hernán Félix Gómez. Fue bendecido el 18 de marzo de 2001 por el Arzobispo Domingo Salvador Castagna.
Vuelta del Angúa
A los casi 3 años de permanencia en Anguá, paraje cercano a la actual ciudad de Saladas, fue un tiempo de imploraciones y novenas a San José por la vuelta al lugar de su elección. El gran retorno del 1º de noviembre de 1752, fue interpretado como la confirmación de su preferencia por Saladas. Aunque no está probada la leyenda, la historia confirma que esa fue su voluntad.
Aquella imagen donada por Juan Insaurralde de 42 cm. de alto, tallada en madera con el brazo derecho amputado, sin el niño Jesús y destruido por el ajetreado regreso de Anguá, dentro de una maleta, a lomo de caballo, presidió el altar mayor de la vieja Iglesia hasta el 18 de marzo de 1919, por el traslado del culto a la actual Iglesia para presidir la primera misa celebrada en ella el 19, festividad de San José.
Con motivo de la inauguración del templo, se unificaron la Semana Santa (13 al 20 de abril) y la novena de San José (21 al 26 de abril de 1919) entronizándose la imagen del Patrono, tamaño natural, en el altar mayor, y la preciada reliquia, pasó a ser atesorada en un nicho dorado de la sacristía.
En 1929, al surgir el proyecto de reunir imágenes antiguas de las Iglesias del interior para el Museo Histórico de Corrientes, de reciente creación, el entonces Párroco, Conrado Fernández, para evitar el despojo de la venerada imagen, entregó en custodia a Clara Pisarello de Insaurralde, restauradora y fabricante de imágenes religiosas, quien la revistió de yeso, reconstruyo el brazo mutilado y reemplazó al niño Jesús por otro de factura más reciente, en la conocida posición de los pesebres, con la mano derecha levantada a la altura de los labios de San José.
La imagen permaneció 82 años en poder de esos descendientes de Juan de Insaurralde. Finalmente, Margot Insaurralde Pisarello, poetisa y escritora, eximia cultora del guaraní, el 16 de noviembre del año 2000, la donó al Archivo General de la Provincia, cuyo director Leopoldo Baltasar Jántus, la hizo entronizar en un nicho empotrado en una pared de la sala Hernán Félix Gómez, bendecido el 18 de marzo de 2001 por el Arzobispo Domingo Salvador Castagna, con la presencia de la donante, el Vicario saladeño Eduardo Romero y otro descendiente de aquella familia donante, Rolando María Insaurralde, fundador del club Antorcha.
(Imagen meramente ilustrativa de archivo)
Sábado, 05 de marzo de 2016