Este viernes Empedrado recordará al Bailarín del pueblo. Será con un emotivo homenaje en el Ateneo Cultural donde habrá numerosas actividades. Entre los artistas invitados estarán Vera Monzón, Coquimarola y Santiago Bocha Sheridan, entre otros.
No hay mejor manera para describirlo que ese hermoso retazo de la poesía de Julián Zini que dice No baila, reza; sus gestos hablan por él, (de la obra Chamamecero) y es que para Julio Tulio Fernández, destacado bailarín correntino, la danza representaba su liturgia de vida, su propia religión. Más aún, hay una pequeña diferencia con esa poesía, y es que Tulio rezaba todos los credos, no sólo el chamamecero.
Aunque mi traza sea de gringo, o tal vez mi forma de hablar, sepan que soy correntino y se me nota al bailar, resume una frase célebre del propio Tulio Fernández, así se sintetiza su vida. El baile lo sentía muy propio y bien adentro, lenguaje artístico que lo convirtió en uno de los pocos bailarines más representativos de Corrientes.
Su creatividad y talento no reconocían límites, condiciones, ni géneros, traspasó las fronteras de los escenarios y toda esa pasión ardió de distintas maneras, enseñando a los jóvenes, dirigiendo grupos y hasta creando ballets enmarcados en la expresión genuina del folclore.
Su ímpetu y amor a la danza, además del talento, le valió el merecido apodo de El bailarín del pueblo, un título que te lo otorga sólo y el más difícil de obtener- el reconocimiento de la gente. Sus ojos se iluminaban cuando comenzaba a bailar, estaba enamorado de la danza, expresó su hijo, Cayo Fernández quien fue Jeroky Yara de la edición de plata de la Fiesta Nacional del Chamamé 2015.
Casi tan vital como el aire, para Tulio Fernández la música representaba ese privilegio que se disfruta en vida y gran parte de sus años abrazó esta expresión artística en Empedrado. Justamente este viernes se conmemora una década de su partida y familiares y amigos en el Ateneo Cultural Pedro Ferré de Empedrado, a las 21, lo homenajearán con numerosas propuestas artísticas.
No hace falta más que recorrer las calles largas de Empedrado para encontrar testimonios de sus propios alumnos y de la gente que en esos años encontraba en la danza un lugar de diversión y recreación, para representar a su pueblo, explicó Cayo. Todo el pueblo lo recordará en este homenaje que tendrá, además, una exposición de fotografías y filmografía en el patio del Ateneo Cultural.
Este homenaje intenta ser el puntapié inicial para dar inicio a un ciclo de homenajes a personajes pueblerinos que dieron vida y color a su pueblo desde un lugar humilde, reservado y silencioso; que no pudieron tal vez, trascender como aquellos ya conocidos pilares de nuestra cultura, explicó su hijo Cayo, principal impulsor de este homenaje merecido al gran bailarín.
Hoy Empedrado lo recuerda no sólo por su vocación de bailarín, si no por su constante trabajo cultural y social, ha hecho docencia desde la danza y su única regla fue siempre hacerlo desde el corazón, sin intereses económicos.
GRAN BAILARÍN MEJOR PERSONA
Son numerosos los testimonios que apuntan a Tulio Fernández con dos cualidades excepcionales, la de gran bailarín y mejor persona. Trabajaba todo el día porque era plomero y a la tardecita se dedicaba a enseñarnos, refirió uno de sus alumnos, Raúl Serruya. Tenía mucha creatividad, ya que venía con otra mirada de Buenos Aires, y eso llamaba la atención y por eso éramos diferentes y dábamos que hablar, comentó otra de sus alumnas Gabriela Campodónico.
En tanto Santiago Bocha Sheridan refirió que era muy amigo del Gringo y de Michel, después lo conocí yo, nos hicimos muy amigos, era una persona humilde, sencilla, un buen tipo.
El evento el viernes comenzará con la celebración de la santa misa, a las 20, en la Iglesia Nuestro Señor Hallado.
LA DANZA FUE SIEMPRE SU REMANSO
La danza era su lenguaje natural, la música le permitía expresar aquello tan profundo, único y sentido que lo convertía a Julio Fernández en un bailarín tan especial. La vida lo trajo a Colonia Cabral, departamento de Saladas, el 1 de marzo de 1948 y desde gurí despertó pasiones en él, principalmente las danzas folclóricas que estuvieron siempre ligadas a su vida.
Era un apasionado, lo que hacía era tan especial que siempre la gente se acercaba a contarle lo que provocaba en ellos sólo verlo bailar. La danza fue siempre su remanso, expresó a época su hijo Cayo Fernández. No fue casualidad de la vida que Cayo haya sido elegido Jeroky Jara de la Fiesta Nacional del Chamamé, un compromiso que hasta hoy lo sigue asumiendo cada vez que lo convocan para representar al género y a Corrientes.
Esto que hoy siento se lo debo e él, heredé esa pasión por la danza, el chamamé y la tradición, expresó el ex Jeroky Yara, quien además es músico y profesor de danzas folclóricas.
Tulio fue bailarín, profesor, coreógrafo y director, ha recorrido cientos de escenarios llevando a cada uno de ellos la bandera de Corrientes y, por supuesto, a la danza del chamamé.
UNA MIRADA HACIA EL BAILARÍN
Desde muy joven Tulio Fernández comienza a perfeccionarse en la danza. A los 17 años crea el centro tradicionalista El Jacarandá en el partido de Quilmes Buenos Aires, donde estuvo como director durante 10 años.
Con 28 años vuelve a Corrientes y se radica en Empedrado donde ingresa al elenco de baile Marcos Herminio Ramírez bajo la conducción de Héctor Maidana, quien deja el ballet por cuestiones laborales, tomando la posta Tulio dirigiendo el grupo los siguientes 15 años. Recorriendo junto al cuerpo de baile, compuesto por más de 60 alumnos (niños y jóvenes) los máximos festivales de toda la provincia, programas de televisión, fiestas del pueblo, entre otros.
Obtuvo premios en pareja de baile en Santo Tomé el 12 de diciembre de 1982, y participó del Festival de Mburucuyá y, por supuesto, en la Fiesta Nacional del Chamamé 1986.
La danza lo ha llevado a compartir escenario con grandes artistas como, Mario Bofill, Los de Imaguaré, Bocha Sheridan, Coquimarola, entre tantos otros.
En Empedrado creó el Encuentro Musical Tradicionalista en 1982, en el marco del Día de la Tradición, para dar vida a una fecha olvidada. Se convirtió en uno de los festivales más populares, pero sólo duró 8 años, luego de dejar Empedrado.
Integró el Ballet de la provincia dirigido por Enrique Piñeiro radicado ya en la capital correntina. Sus últimos pasos como bailarín tuvieron como escenarios numerosos establecimientos escolares reivindicando las fechas patrias y hasta se animó a crear un grupo de danza que título Roque González, por su amistad con el acordeonista.
En sus tiempos libres escribía poesías que describieran paisajes, amigos, familiares, historias, era un artista, expresaron.
Fuente: diario Epoca.com
Jueves, 27 de octubre de 2016